Una pregunta sin respuesta para tanto dolor

Guadalupe AmorAlepo, Mosul, Lesbos… Siria, Irak, Grecia… Y tantos otros lugares de dolor que suenan menos al no estar en las primeras páginas y las noticias de apertura. No sé cómo contarán todo eso en el futuro los libros de historia. Pero cada vez tengo más claro que nuestros nietos se peguntarán cómo fuimos capaces de no hacer prácticamente nada. Se preguntarán no ya el porqué de que los políticos y los poderosos permitieran tales barbaridades, tales sufrimientos, tales injusticias. Se preguntarán por qué tú, yo, y la gran mayoría de cada uno de nosotros y nosotras, seguimos con nuestra vida cotidiana mientras, eso sí, decíamos “qué barbaridad” antes las imágenes de la tele que estábamos viendo mientras nos levábamos a la boca el tenedor con la ensalada o el filete.

No sé. Sé que no son (somos) pocos los que andamos haciendo lo que buenamente está en nuestra mano hacer: que si una firma, que si una manifestación, que si un correr información en las redes sociales… Y sé, gracias a Dios, que por aquí y por allá hay un puñado de hombres y mujeres dándolo todo para rescatar a alguien, para intentar mantener en pie un hospital, para forzar una resolución política… Pero me sigo preguntando qué pasa con la mayoría, con este colectivo que formamos la familia humana de este Primer y Triste Mundo. Me pregunto cómo es que, no sé, no hayamos salido a la calle por millones paralizando todo hasta que se deje de verter sangre o no se nos haya atragantado a todos esa ensalada y hayamos colapsado los servicios médicos, o hayamos mandado a la porra tanta imbecilidad de si mi partido apoya o no apoya un nuevo gobierno y les hayamos dicho a todos esos memos que se dediquen a salvar las vidas de todos los que están muriendo sin tener que morir…

No sé, me hago esa pregunta. Y no tengo respuesta.

La Trata de Seres Humanos: una realidad invisible

Jornada sobre la Trata de Seres Humanos en la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, de Madrid – 22 de octubre de 2016.
(Álbum de fotos en este enlace)

14695574_183841068730032_1615193451066004018_nOrganizada por el Grupo Intereclesial de Trata –Área de Justicia y Solidaridad de CONFER, Fundación Cruz Blanca, Caritas, Justicia y Paz, Vicaría de Pastoral Social e Innovación de la Archidiócesis de Madrid, y la Fundación de Solidaridad Amaranta– con la colaboración del Departamento de Trata de Personas de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

Han intervenido Carmen Luisa González Expósito (Justicia y Paz), Martina Kaplún (Fundación Cruz Blanza), Pilar Casas Navarro (Fundación Amaranta), Tania Garcia, Conchi Jiménez Aragón (Villa Teresita), Alicia Martel Suárez (Oblatas del Santísimo Redentor), Marta González Manchón (Proyecto Esperanza), José Luis Segovia Bernabé (Vic. de Past. Socal e Innovación, diócesis de Madrd), y Jose Luis Pinilla Martin (Director de la Com. de Migraciones de la CEE).

Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

Carta-Convocatoria de la
JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN
POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN
– Madrid, sábado 3 de septiembre de 2016 –

CONVOCAN:

  • Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal
  • Arzobispado de Madrid (Iglesia Católica Romana)
JMOCC 2016 Cartel

(pulsa para ampliar)

Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” (Papa Francisco LS 217).

Un grito de alarma por el desastre climático que afecta cotidianamente a los hombres y la naturaleza; la propuesta de la vía del ascetismo y la sobriedad en el uso de los bienes terrenos y de la energía; la proclamación del Evangelio para sanar el corazón humano que ha hecho el mundo un depósito de basura” (Mensaje del Patriarca Ecuménico ortodoxo Bartolomé I para JMOCC 2015).

Hermanas y hermanos en Cristo:

Con el telón de fondo de su Encíclica Laudato Si, el Papa Francisco -compartiendo con el Patriarca Ecuménico Bartolomé la preocupación por el futuro de la creación– decidió el año pasado instituir también en la Iglesia Católica la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación», uniéndose a la fecha fijada por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla desde 1989.

Según el papa Francisco, esta jornada ofrecerá “a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos” y contribuirá “como Iglesia a superar la mayor Crisis ecológica que vive la humanidad y hacerlo desde una profunda Conversión
espiritual y ecológica”, posibilitando “un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes” (Carta de institucionalización del papa Francisco de la
JMOCC. 6 de agosto de 2015). Sigue leyendo

Viernes Santo de los crucificados

No es fácil hablar de la muerte de Jesús, más si se es consciente de que, más que una muerte, fue una ejecución: Jesús no se murió, a Jesús le mataron.

Con todo, sigo reyendo que hay un escrito imprescindible para asomarse al abismod e esa muerte, un escrito que centra perfectamente el, quizá olvidado por nosotros, auténtico sentido de eso que decimos de que Jesús ha “muerto y resucitado por nosotros”.

Me refiero, claro, a un texto de Jon Sobrino que tiene ya muchos años, pero que sigue siendo ineludible para todo el que quiera entender qué significa afirmar la Muerte y la Vida del Señor. El artículo se titula “El Resucitado es el Crucificado”, y se recogio en este bloh hace ya unos años: pincha aquí para ir a él.

El amor del Jueves Santo

La esencia de la comprensión del Jueves Santo –y, en general, de toda la Buena Noticia del Reino– no está tanto en proclamar “el amor”, como en entender “qué amor” se está mostrando y se está ejerciendo en favor de tantos y en frente de tantos otros.

Como tantas veces, hay que volver a la Palabra para entender de qué estamos hablando cuando hablamos del amor en la Buena Noticia de Jesús. Y la Palabra del Jueves Santo es estremecedoramente coincidente en algo que, por la razón que sea, no pocas veces se pasa por alto.

“Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor” (1ª lectura).

“Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y…” (2ª lectura).

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre…” (evangelio).

Jueves SantoFuera como fuera aquella última cena de Jesús con sus discípulos (y, dicho sea de paso, más que probablemente también con sus discípulas), lo que es seguro es que, históricamente, Jesús la plantea en una realidad de fracaso total. No es, y permítaseme cierta ironía,  una cena triunfante, donde entre canticos e inciensos, Jesús hace un bello signo al lavar los pues a los demás mientras todos entonan emocionados el Ubi Caritas. No. Aquella cena se realiza cuando, hasta donde llega la vista humana, todo ha fracasado. Jesús es consciente, con una tremenda lucidez, de que todo estaba acabado, de que su horizonte inmediato era el “ser entregado” y “pasar de este mundo al Padre”. La muerte, y muerte de cruz, no era ya sólo una posibilidad, era una realidad que aparecía inmediata y patente. Y Jesús tiene que enfrentarse no ya sólo al brutal hecho físico de la tortura y la ejecución, sino al no menos brutal hecho de la victoria (¿aparente?) del mal, del poder, del daño… Los suyos le van a traicionar y abandonar, además de que prácticamente no han entendido casi nada de lo que ha intentado vivir con ellos durante esos años de itinerancia. Los dirigentes religiosos del pueblo se han encastillado en su falsa e idolátrica religiosidad, y buscan directamente su muerte. El pueblo sigue igual de voluble, y sigue buscándole más como el que da pan o puede ser el Mesías triunfante que llega a Jerusalén que como el que está “en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27). Y, en fin, pareciera que todo su grito y su hacer de que el reinar de Dios es posible porque ese Dios se ha empeñado en nuestra historia con el amor de un Abba, de modo que los más pequeños son sentados a la cabecera de la mesa de la felicidad (ver las bienaventuranzas: Mt 5, 1-12 y Lc 6, 20-23) porque ese amor entrañable de Dios se pone de su lado y se enfrenta a los poderosos y a los ricos (ver el canto de María: Lc 1, 51-53), parece que ha caído en el vacío. No es extraño que, poco después de esta cena, Jesús grite a Dios que por qué le ha abandonado (ver Mt 27, 46).

Y en ese fracaso, en ese ver todo hundido, en ese entender que ya se acabó el itinerar y el predicar y el hacer las obras del Reino, en ese ver levantarse toda la fuerza del mal, el daño y la muerte (“esta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas”, Lc 22, 53), justo en ese momento… una Cena. Lo que llamamos la Última Cena, con la inmensa profundidad del lavatorio de los pies y el gesto y las palabras del pan partido y la copa compartida, Jesús podía haberla hecho en cualquier otro momento. Podía haberla hecho en el monte de las bienaventuranzas, o tras resucitar a Lázaro, o cuando sus discípulos volvieron de la misión, o cuando fuera. Pero no. Jesús desea ardientemente esa Cena con los suyos (ver LC 22, 15) justo ahí, justo en el fracaso, justo cuando ya no cabe decir ni hacer nada, justo cuando hasta el mismísimo Dios parece haber sido vencido por todos los antidios de este mundo (que, por ser antidios, son antihombre), justo en ese momento Jesús sienta a los suyos a una Cena. Sigue leyendo

Atentados en París y el macabeo Matatías

No hace ni una semana que la barbarie y la sinrazón terrorista golpearon nuevamente en París. Y, por otro lado, aparentemente inconexo, la eucaristía de hoy narra en la primera lectura un episodio del segundo libro de los Macabeos (2, 15-29), que, de algún modo, refleja el hecho histórico de la revuelta macabea . Y, lo siento, pero a mi hay cosas que me chirrían, y mucho.

Soy de los que piensan que la liturgia católica necesita, y necesita ya, una reforma. Una reforma que no sea un mero lavado de cara, sino que atienda a lo profundo, y que con densidad y seriedad renueve gestos, simbologías, palabras y textos. Y también, el uso que hacemos en la liturgia del Antiguo Testamento. Y de esto último tendría un día que escribir despacio. Pero hoy no puede ser, así que me limito a este caso de Matatías que proclamamos hoy en la eucaristía.

Matatías macabeos

Según el texto, cuando los funcionarios del rey invasor llegan al pueblo de Matatías para hacer que sus habitantes apostaten sacrificando al rey y comiendo carne de cerdo, Matatías se niega muy dignamente. Y, en ese momento, otro judío flaquea y se adelanta para apostatar.  Matatías “se indignó, tembló de cólera y en un arrebato de ira santa corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces mismo mató al funcionario real, que obligaba a sacrificar“. Todo ello, por supuesto, lleno de “celo por la ley“, y para mantener la alianza santa con Yahvhé, y para vivir “en derecho y en justicia“.

Cuando, en liturgia, el lector acabó la lectura, proclamó, como se hace siempre, “Palabra de Dios”. Y, por lo que sabemos, los asesinos de París asesinaron al grito de “Al-lahu-àkbar”, “Alá es el más grande”. La diferencia es que, en el primer caso, yo he contestado “Te alabamos, Señor”. Y en el caso de los atentados pensé que “vaya bestialidad”.

Pues ahí es donde digo que algo chirría. Sigue leyendo

La carta (cantada) a los Reyes Magos de Indara

Se llama Indara. Es una malagueña de 7 años. Su familia está en paro.
Y así canta su estrtemecedora carta a los Reyes Magos.
https://www.youtube.com/watch?v=EFmcu4Ru35w&feature=youtu.be

[grabado en Onda Azul Radio]

Año nuevo… ahora

AhoraSegún atardece este 1 de enero de 2015,
y pasadas ya las campanadas,
las doce uvas,
el cambio de calendario,
y todo eso,
me sigo apuntando a un reloj que me diga
que el mejor tiempo es ahora, justo ahora.
Porque ahora es el tiempo de la solidaridad amasada,
de la justicia irrenunciable,
de la opción insobornable
de la misericordia entrañable.
Ahora es el tiempo de todo don.
Ahoraes el tiempo de salvar.

No esclavos, sino hermanos

Mensaje de Francisco para la celebración de la XLVIII Jornada Mundial de la Paz: 1 de enero de 2014. Fuente: web de la Santa Sede.

Jornada Mundial Paz 20151) Al comienzo de un nuevo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos de sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a Sigue leyendo