El embargo

Desahucios, exclusión sanitaria, paro… A principios del siglo XX, José Mª Gabriel y Galán escribía en castúo (variedad extremeña del español) el estremecedor poema “El embargo“.

El embargo cama
Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos,
no le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo…

Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s’ha muerto!

¡Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro…

¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro…

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s’ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una nochi muerto!

¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo!
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo…
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!…

Carta de un sin hogar (‘sin techo’) al menor que le agredió

Ocurrió el 18 de agosto de 2004, y lo contó la prensa. Primitivo y Vicente, dos personas sin hogar que compartían soportal y cartones para pasar la noche en Madrid, fueron agredidos y apuñalados por tres sujetos, uno de ellos de 17 años.  Poco después, Primitivo escribió una carta a ese menor. La carta decía (y dice, y para siempre seguirá diciendo) asÍ:

“Decía el poeta: La vida es bella, ya verás cómo a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amores, tendrás amores…

Me hubiera gustado haber escrito esto para ti. Tendrás amigos. Las personas con las que saliste aquella noche como de caza no son tus amigos ni te quieren. Encontrarás otras personas que te quieran: tus padres, a pesar de todo; yo mismo te amo. Odio las ideas que te llevaron a hacer eso, me da náuseas lo que esa noche hicisteis. Pero a ti, como persona, te amo y no dudo que con el tiempo aprenderás que sólo podemos ser felices con el respeto y el amor.

La felicidad no depende del estatus social de nuestras condiciones exteriores de vida, pero sí depende del respeto que tenemos hacia nosotros mismos y hacia los demás, del amor que tenemos hacia el otro. Aprende a amarte también a ti mismo, no te encierres en ideas de exclusión, de odio, que sólo conduce a la desolación, la destrucción y la muerte.

Sin Techo Sin HogarDesarrolla tus capacidades creativas, haz cosas que te eleven, que te ablanden el corazón. No es fácil; hacen falta muchos esfuerzos, mucho trabajo y también lágrimas, pero la vida es tan bella que merece la pena. Por fin te diré que el hombre fuerte y valiente no es el que da puñetazos y apuñala; esto está al alcance de cualquier animal. Ser fuerte no es dejar que el odio entre en nuestro corazón.

Así que, a pesar de lo que pasó, te perdono y te amo. Que esto te sirva de lección para mejorarte”.

Día de las Personas Sin Hogar 2014

  • Con motivo del Día de las Personas Sin Hogar 2014 en varias ciudades se celebraron actos publicos.
  • Aquí va un pequeño álbum fotográfico del acto de Madrid, del 27 de noviembre, entre Callao y Sol: http://goo.gl/Y5N574
  • Puede usarse con la licencia Creative Commons habitual de este blog.
  • Puedes obtener materiales de la campaña en este enlace (al menos mientras dure, claro).

MANIFIESTO

(realizado porpersonas sin hogar)

Yo tenía una casa… Y fui feliz mientras viví en ella.

Mi casa fue siempre mi lugar de referencia, donde encontraba seguridad, compañía y podía ser YO. Allí me sentía persona y formaba parte de la sociedad.

En un momento determinado mi vida cambió, se complicó, empezaron los problemas, todos encadenados.

La pérdida de trabajo fue el primero de ellos; después, la pérdida del hogar y de la familia; llegaron los problemas de salud y, por último, la calle y, con ella, la soledad, la angustiosa soledad. Todo mi mundo se vino abajo y tomé conciencia de lo enorme de mi pérdida. Había perdido mi HOGAR y, con él, Sigue leyendo

Embarrados

Copio esta muy interesante entrada del blog “14 kilómetros” (hace referencia a la distancia que separa la gran urbe madrileña de uno de los lugares más excluidos de España, la zona degradada de Cañada Real Gaiana, especialmente el poblado de El Gallinero), de Javier Baeza.

El pasado sábado tuve una experiencia muy particular.

Teníamos prevista la celebración de los derechos de los niños y niñas del poblado Rom del Gallinero. Las inclemencias meteoroembarrados 1lógicas hizo que se suspendiese la fiesta, retrasando su celebración. Una de las personas que había anunciado su participación fue D. Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid. Tenía interés en conocer el poblado, a los vecinos, los pequeños y sus familias. Dicho interés se confirma con la llamada anoche, a través de un amigo común, insistiendo en la posibilidad de mantener la visita, aunque la fiesta estuviera temporalmente suspendida. Efectivamente quedamos, el sábado por la mañana y bajo un espectacular manto de agua nos dirigimos al poblado.

La visita apunta, cuanto menos, curiosa. Desde el primer saludo se impuso la confianza, tuteándonos mutuamente. En mi furgoneta viajan dos adolescentes rumanos que llevan la música rap a muy alto volumen. D. Carlos sube, junto al amigo común, su chófer y el cura Pepe en lo asientos traseros dejando que los adolescentes vayan delante de la furgoneta. La camaradería comienza a sentirse.

Llegamos al poblado. Jorge y Marta, dos almas fundamentales en la presencia y la vida de los ROM en el Gallinero, nos están esperando para acompañar la visita.

Tras explicarle el número de familias y pequeños que habitan el poblado, comenzamos, amparados bajo los paraguas, la visita a las familias. Entramos en alguna casa. Saluda, acaricia y pregunta a los más pequeños que vamos encontrando en el paseo. Conocer la realidad en la que viven estas familias, el desprecio con que se les trata desde la Administración, los intereses con que se acercan oeneges, activistas y otros colectivos donde priman los programas y modos preconcebidos a los modos y maneras de los habitantes… hace que D. Carlos se embarrados 2lleve un chorreo de información y denuncia que la lluvia que cae no despeja la perplejidad y dolor que refleja su rostro.

La dignidad que refleja el interior de las viviendas donde moran las familias rumanas contrasta con el exterior callejero donde los charcos hacen de hall de las viviendas y la ropa tendida empapada colorea la gris mañana. D. Carlos muestra estremecimiento y desconcierto por la realidad que la pobreza le presenta ante sus ojos. Sin embargo el respeto con que se refiere a las familias, la ausencia de juicio sobre sus vidas y la escucha atenta a lo que le vamos contando hace que D. Carlos se convierta no en un invitado de piedra, cuanto en alguien que en medio de este espacio de exclusión y dificultad, anima, fortalece y nos hace sentir más vivo el privilegio de compartir la vida con estas familias gitano rumanas.

La realidad, señala D. Carlos, hace que las valoraciones morales o los juicios sobre la vida de los otros haya de ser considerada, precisamente, desde lo que se vive no desde lo que definen doctrinas, tradiciones o ideologías del tipo que sea.

El paseo sigue por el poblado. El barro va cubriendo no sólo los zapatos de quienes andamos los caminos de tierra, sino que empapa todas aquellas seguridades que nuestra cómoda vida nos va brindando.

Las familias preguntan quiembarrados  3én es este señor que nos acompaña. El intento explicativo no resulta fácil. Otros jóvenes, cuyas ropas empapadas les cubre la cabeza, dicen conocerle. “Es el papa”, se chilla uno a otro. Más allá del parecido físico –que efectivamente los muchachos han acertado- esperamos que los mensajes que está lanzando el papa Francisco al mundo, sean tan acertados y evangélicos como los que esperamos de D. Carlos en esta nueva andadura por Madrid.

El abrazo de despedida, ya en la ciudad urbanizada y cosmopolita, hacen superar los malos tratos sentidos en otras épocas y acrecienta que este tiempo de espera que alumbramos sea signo de una Iglesia no al servicio de… cuanto en medio de la vida de los más desfavorecidos, viviendo con ellos y desde ellos.