Día Internacional de la Solidaridad Humana 2014

Con motivo del Día Internacional de la Solidaridad Humana, que se celebra hoy, las organizaciones que integran la iniciativa «Enlázate por la Justicia» -Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES- han redactado un mensaje que será difundido en las parroquias y comunidades cristianas del país durante el cuarto domingo de Adviento.

Día Soidaridad
En este tiempo litúrgico del Adviento y con motivo de la celebración, el 20 de diciembre, del Día Internacional de la Solidaridad Humana, queremos compartir con las comunidades cristianas y con toda la sociedad el deseo de “anunciar la buena noticia a los que sufren, proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, y proclamar el año de gracia del Señor” (Isaías, 61, I-2ª, 10-11).

Las organizaciones que desde 2013 sumamos nuestros esfuerzos en el marco de la iniciativa Enlázate por la Justicia (Cáritas, Confer, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES) para dar cuenta y razón de nuestra visión fraterna de la cooperación al desarrollo desde un Cristo comprometido con los pobres, y movilizar a todos en la defensa de la justicia global, los derechos humanos y la dignidad de las personas más vulnerables, dirigimos nuestra mirada sobre la escandalosa realidad de desigualdad y pobreza que sigue Sigue leyendo

Día de los Derechos Humanos… y los Deberes

En este Día Internacional de los Derechos Humanos 2014, no me parece malo recordar algo que puede parecer anecdótico… pero no lo es.

Tanto la Asamblea Nacional Francesa elaborando la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, como la ONU cuando empezó a trabajar en una futura Declaración de los Derechos Humanos, se plantearon si, a la vez, no habría que elaborar una Carta de Deberes.

Ambas concluyeron que no, que era innecesario. Pues tuvieron muy claro que si se halaba de derechos se estaba hablando también y a la vez de deberes. Y es que, como dice con humor José A. Marina,  en una escalera no puede separarse la de bajada y la de subida[1].


[1] He tomado los datos de esta entrada de Luis GONZÁLEZ-CARVAJAL SANTABÁRBARA, En defensa de los humillados y ofendidos (Santander, 2005), pág. 46. La imagen de la escalera es de José Antonio MARINA, Ética para náufragos (Barcelona, 19953), pág. 237. Puede verse una buena síntesis de este tema en Adela CORTINA, “La ética de una sociedad civil, de los derechos a los deberes”: Sal Terrae 81 (1993) 423-535.

Los Estatutos del Hombre (Thiago de Mello)

Parece mentira que este profundísimo manifiesto de Thiago de Mello[1] sea de 1964. Pero está claro que la verdad y la belleza rompen el tiempo y el espacio.

Artículo I
Queda decretadoEstatutos
que ahora vale la verdad,que ahora vale la verdad,
ahora vale la vida,
y dándonos las manos,
marcharemos todos
por la vida verdadera.

Artículo II
Queda decretado
que todos los días de la semana,
inclusive los martes
más grises,
tienen derecho a convertirse
en mañanas de domingo.

Artículo III
Queda decretado que,
a partir de este instante,
habrá girasoles
en todas las ventanas,
que los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
y que las ventanas
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40 días con los últimos – Día 1º

La campaña cuaresmal 4o días con los últimos” de este año 2013 (puede verse un resumen en este enlace, ofrece hoy, miércoles de ceniza, una reflexión sobre el desperdicio de alimentos que me parece interesante y copio aquí.

Nuestra forma de alimentarnos (1)

Relato: La guinda

Somos lo que comemos –dicen– pero también podemos pensar lo contrario: que somos lo que no comemos, lo que desaprovechamos.

Y digo esto pensando en mi estimado Jaume. Cuando nos reunimos para alguna celebración familiar la guinda de los pasteles siempre queda apartada en un rincón de todos los platos de los comensales. Excepto en el de Jaume que se las come, explicando que le gustan. Pero creo que miente. Porque cuando pasa por casa y le regalamos pan para que alimente a los pájaros de su jardín nos dice que no está lo suficientemente duro, que sigue siendo comestible, y se lo come. O porque los plátanos que mis hijos dicen que ya están demasiado maduros, casi negros, él sigue considerando que son una buena merienda, que no se pueden echar a perder, y se los come. Por los mismos motivos argumenta que los yogures, diga lo que diga el envase, no caducan nunca, que eso son mentiras de los fabricantes.

Y sí, como yo pensaba, sentados viendo un documental sobre el brutal derroche de alimentos que nuestra sociedad practica, el 50% de todo lo que se produce, me ha confesado que no le gustan esas cerezas confitadas de los pasteles, pero que en su casa, la posguerra y las penurias, les enseñaron a no
desperdiciar nada.

Como banquero jubilado saca rápidamente la cuenta: la mitad del hambre de tantas personas en Haití, Congo o Sierra Leona se acumula en nuestros vertederos.

(Gustavo Duch)

Desperdicios de comida

En sólo dos generaciones hemos pasado de la escasez a la abundancia, lo que nos ha llevado de economizar a derrochar. Según informa una resolución del Parlamento Europeo (18 de enero de 2011), en la cadena de producción, suministro y consumo se desperdicia el 50% de los alimentos. Basta con acercarnos a la puerta de atrás de un supermercado para ver a diario la gran cantidad de alimentos que, en su mayoría en buen estado, van a la basura. En ocasiones sus políticas internas prohiben darlo a las personas sin recursos que, cada vez más, esperan a recogerlo.

En una sociedad que permite esta situación no podemos estar orgullosos de nuestro comportamiento ni del modelo agroalimentario del que nos hemos dotado. La comida no es más que el aprovechamiento de recursos naturales –aire, agua, tierra– y en este sentido en España hemos entrado ya en déficit ecológico. Nuestro modelo consumista ha agotado lo que nos corresponde y si seguimos comiendo, respirando y contaminando es porque contraemos una deuda. En realidad se trata de un hurto ecológico y de un mal uso del préstamo que nos han hecho las generaciones futuras.

¿Qué podemos hacer (o dejar de hacer)?

Ser conscientes de la comida que tiramos, individualmente y como sociedad.

  • Haz el propósito firme de no tirar nada de comida.
  • Si eres cristiano, recuerda que hoy es Miércoles de Ceniza, día de ayuno, oración y limosna. Vívelo a tope.
  • Pásate un día a la hora de cierre por la puerta de atrás de un mercado, supermercados o centro comercial de alimentación y quédate observando…

Y todo esto sin que nuestra parte de culpa nos desanime. ¡Podemos cambiar!

Documentación relacionada

El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en esta Buena Noticia” (Mc 1, 15)
Señor, ayúdanos a vivir esta cuaresma con auténtico espíritu de conversión. Amén.

Seguiremos

Había escuchado ya la canción “Seguiremos”, de Macaco.

Pero si, por ella misma, ya es un canto de esperanza y militancia, más aún en este vídeo en el que acompañan a Macaco los niños y niñas de la planta de Oncología Pediátrica del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), y los profesionales y voluntarios que les acompañan en el centro.

Los sueños cambiaron el destino de los hombres y de las naciones.

Di si, seguiremos.
Si dicen perdido, yo digo buscando.
Si dicen no llegas, de puntillas alcanzamos.
Y sí, seguiremos.
Si dicen caíste. yo digo me levanto.
Si dicen dormidos, mejor soñando.

Entre unos y otros ahí estás tú.
Somos los mismos, somos distintos,
pero nos llaman multitud.
Perdonen que no me levante
cuando digan de frente y al paso.
No somos tropas, no somos soldados,
mejor gotas sobre olas flotando.

Y si, seguiremos.
Si dicen perdido, yo digo buscando.
Si dicen no llegas, de puntillas alcanzamos.
Y sí, seguiremos.
Si dicen caíste. yo digo me levanto.
Si dicen dormidos, mejor soñando.

Perdonen que no me aclare
en medio de este mar enturbiado.
Nos hicieron agua trasparente,
no me ensucien mas,
yo ya me he manchado.
Y es que hay una gran diferencia
entre pensar y soñar.
Yo soy de lo segundo,
en cada segundo vuelvo a empezar.

Y si, seguiremos.
Si dicen perdido, yo digo buscando.
Si dicen no llegas, de puntillas alcanzamos.
Y sí, seguiremos.
Si dicen caíste. yo digo me levanto.
Si dicen dormidos, mejor soñando.

Hoy sabemos que lo importante es soñar,
liberar nuestro inconsciente,
el filtro de censura del pensamiento.
Creemos que al soñar
perdemos un tercio de nuestra vida,
y nos equivocamos.

Y si, seguiremos.
Si dicen perdido, yo digo buscando.
Si dicen no llegas, de puntillas alcanzamos.
Y sí, seguiremos.
Si dicen caíste. yo digo me levanto.
Si dicen dormidos, mejor soñando.
Si dicen caíste, yo digo me levanto.
Si dicen dormidos, mejor soñando.

Hoy sabemos que lo importante es soñar.

Un lugar en la Iglesia

El 22 de noviembre de este año me escribió un correo-e una joven (debe rondar los 20 años) a la que conocí hace no mucho en un encuentro eclesial y con el que compartí buenos momentos. Planteaba una cuestión que me parece absolutamente candente en nuestras comunidades creyentes. Creo interesante copiar aquí parte de ese correo (desde luego, quitando toda referencia personal que pudiera identicar a su autora, cuyo nombre, además, me invento) y, más abajo, mi respuesta. Parte del correo-e que me mandó decía así:

Como ya te comenté en algún correo, hemos empezado un grupito nuevo de … Además, hemos conseguido un sitio genial para reunirnos y un animador que, al menos, tiene bastante experiencia en grupos de jóvenes.

Personalmente, yo llevo estos últimos tres años sin un grupo fijo y cercano que me aporte lo que yo siempre he tenido en un grupo (desde pequeñita, hasta después de la confirmación, he tenido el mismo grupo). Apoyo, posibilidad de compartir, escucha, interpelación, interpelación, y más interpelación, que cómo nos gusta a los de […]  esta palabreja!! Y este año, con este grupo, yo estoy muy contenta, la cosa va bien, vamos haciendo cositas, haciendo grupo… Pero hay un “nivel” de compartir cosas, de hablar de lo profundo, de lo personal, de lo que nos preocupa… que deja bastante que desear. No sé si me estás siguiendo. No sé si es que yo soy muy exigente, o si es que ellos pasan mucho del tema (ya sabes, la uni, primer año, la fiesta, las tias… buf!). Pero la consecuencia es que yo no puedo compartir todo lo que necesito en ese grupo. Porque no hay una actitud de compartir las cosas que realmente nos preocupan, y eso se nota. Se nota en que hablamos de “tonterías”, que está bien hablar de vez en cuando, pero no todo el rato. Y se nota en que cuando “entramos en harina”, las palabras son pocas, con escaso contenido, y cualquier tema es bueno para hacer la gracia y cortar el poco clima que había.

Con todo esto no quiero decir que esté mal en el grupo, ni que vaya mal… De hecho va mucho mejor de lo que yo esperaba: tenemos reunión todas las semanas, más o menos se traen leídas las cositas de casa, y hay muy buen rollo entre nosotros (cosa que tampoco es dificil, jaja); pero me falta algo. Me falta esa interpelación que todos necesitamos, me falta la confianza y la comodidad de poder decir: “pues a mí lo que me mueve a hacer esto o lo otro es la alegría que me da hacer felices a los demás” y que no me miren con cara de… pero qué diceeeees?????

Y así le respondí por correo:

Es llamativo (por no decir triste) la cantidad de personas que he conocido que, con unas palabras u otras, dicen lo mismo que tú: “me falta un grupo que…”, “no termino de encontrar un grupo que…”., “estoy bien donde estoy, pero echo en falta un grupo que…”. Tú lo expresas perfectamente: “Personalmente, yo llevo estos últimos tres años sin un grupo fijo y cercano que me aporte lo que yo siempre he tenido en un grupo. Apoyo, posibilidad de compartir, escucha, interpelación, interpelación, y más interpelación…”.

Repito que, según leía tu escrito, se me llenaba la memoria de nombres y nombres con esa misma necesidad y esa misma búsqueda. Es como si desde hace una o dos décadas, en nuestra Iglesia -no sé si esto se da también en las Iglesias de otros países y continentes, aunque me huele que no o, en todo caso, si se da es de modo distinto- surgiera una especie de movimiento nuevo de los que buscan “Un lugar en la Iglesia“.

Lugar que, al igual que en esa joya del cine que es “Un lugar en el mundo”, no se quiere -al menos en el caso tuyo y de aquellos de quienes hablo- que sea grande y espectacular y poderoso y yo qué sé qué más. No. Lo que se busca es que sea sincero, hondo, denso, capaz de acoger-interpelar-relanzar lo que uno vive en cuanto persona y en cuanto creyente en las capas hondas de la vida.

Y es relevante que esto le ocurre a cristianos de todo tipo. No es una cuestión sólo de jóvenes, o sólo de “muy comprometidos” (cada vez me gusta menos eso de “comprometidos”, pero esa reflexión para otro día), o de gente de movimientos o parroquias… Es algo que ocurre a gente de todos los ámbitos sociales y personales. Ciertamente, he de reconocer que no me atrevería a decir que es algo mayoritario, pues me parece que lo mayoritario es o bien estar más o menos a gusto con lo que mejor o peor ofrece la parroquia o la comunidad que sea, o bien andar un cierto tiempo en búsqueda inquieta y terminar, lamentablemente, dejando de buscar y recordando lo bueno que “fue” aquello pero que hoy en día ya no es.

Y también es relevante, por supuesto, que buena parte de esa gente -quizá la inmensa mayoría- que siente lo mismo que sientes tú, Alba, no sois “cristianos de misa y punto”, sino gente que intenta tomarse en serio la Buena Noticia del Reino, gente fascinada profundamente por el Señor Jesús, gente que siente tan grande y bueno lo que vive y sueña que necesita como el comer el poder ponerlo en una mesa junto a otros y otras para compartirlo, partirlo, y repartirlo como si fuera un pan hecho entre todos, una copa llena con el mosto maduro de la vida de cada quien.

No tengo respuesta para esa inquietud tuya, Alba. Es más, me sería más o menos fácil decirte que adelante, que sigas buscando, que no cejes en ese empeño porque tarde o temprano lo conseguirás… Pero de toda esa frase hay una parte que te diría sinceramente y otra de la que no esto y tan seguro. Soy sincero al decirte lo de que adelante y sigas. Pero lo que no puedo afirmar con seguridad sin mentirte es lo de que “tarde o temprano lo conseguirás”. La verdad es que eso no lo sé. Porque de todos esos nombres que te decía arriba que me venían a la memoria, no puedo decir que la mayoría lo encontraran. Algunos sí, desde luego. Pero no todos: no pocos aun siguen buscando -y, mientras tanto, siendo fieles a lo que tienen, aunque no les llene del todo-, otros terminaron dejando de buscar, y a otros les va en temporadas, porque no es fácil mantener constante la búsqueda, ni ésta ni ninguna: la fidelidad es el gran reto del cristiano, porque lo es del ser humano. Y menos cuando, como en estos tiempos eclesiales que nos han tocado, con frecuencia hay más otoño que primavera, y más piedras para tropezar que buenos sillares que permitan construir (aunque sea arriesgadamente).

La Comunidad Cristiana tendríamos que sentarnos a leer con calma el por qué le ocurre a tanta gente lo que me dices en tu correo, y no hace falta explicarte que cuando digo “leer” hablo de algo tan antiguo -¡y tan propio del Dios que se hace hombre, historia, camino y cotidianeidad!- como ver qué pasa, por qué pasa, a quién pasa, cómo pasa… Y es que a la Iglesia de estos primeros tiempos del siglo XXI parece que se nos hubiera olvidado aquello de los “signos de los tiempos” que el Vaticano II proclamo como realidad y como tarea. La Iglesia no sólo intuimos el camino del Reino hoy y aquí a partir de la revelación bíblica, la doctrina, o la reflexión teológica, sino también a partir de la vida (“la Vida”), de lo que ocurre, de ese Quinto Evangelio que es el discurrir de la historia que vamos tejiendo cada hombre y cada mujer con sus y nuestros gozos y esperanzas, sus y nuestras tristezas y angustias (como proclama el nº 1 de Gaudium et Spes). La vida (repito, “la Vida”) es fuente de revelación. Y el que haya
tantos y tantos escritos como el tuyo, Alba, no puede ser una casualidad, no puede ser un paréntesis en ese formidable caminar de Dios que es la historia en la que aletea sin cesar el aliento de su Espíritu.

Junto a todo lo anterior, no se puede negar que son muchos los que hoy en día encuentran respuesta a esa necesidad que planteas, Alba, en grupos y movimientos cristianos muy característicos: Neocatecumenales, Opus Dei, Focolares, Comunión y Liberación… Tampoco es escaso el número de gente que, al menos en una etapa de su vida (generalmente, entre la adolescencia y la primera juventud) encuentran su espacio en grupos ligados a la vida religiosa. A la vez, espacios como comunidades de base en sentido amplio, movimientos especializados de Acción Católica, o, por poner otro ejemplo, grupos basados en la Revisión de Vida (la auténtica, la que es mucho más un estilo de vivir que un método de hacer una reunión), van disminuyendo en número y en intensidad. Y aun habría que hablar de mas situaciones, pero con este escrito no quiero hacer ningún análisis riguroso, sino sólo ir apuntando líneas para lo que decía antes, para ese esfuerzo que deberíamos hacer la Iglesia de leer con ojos creyentes correos electrónicos como el tuyo.

Y con todo, hay algo, Alba, que sí me atrevo a decirte. Y me atrevo porque a mí me ha servido y me sirve -y a otros también- no tanto para encontrar o dejar de encontrar el lugar de llegada, sino para, al menos, mantenerse en camino y poder seguir abriendo cada mañana las persianas en esperanza (la auténtica, la que nace de descubrir cómo mira el rostro de Dios en Jesús). Me refiero a vivir todo eso con una clara conciencia de “Éxodo”, de saber que estos tiempos son -para ti, para mí, para muchos- tiempos en los que hemos apostado por abandonar Babilonia y ponernos decididamente en marcha hacia Jerusalén… aunque eso suponga dejar atrás la no del todo desagradable Babilonia (en la que se es esclavo, sí, pero de forma muy sutil), cruzar el desierto, y, encima, no estar seguro de que lleguemos.

Sigo buscando mi espacio y mi hueco en la Iglesia porque sé que no es un sueño, porque sé que esa “Jerusalén” tiene que existir, y que si no existe podemos arremangarnos y ponernos a construirla. Cerca de mí surgen voces que me invitan a uno u otro sitio y me dicen que ahí se está bien y a gusto. Y, por lo pronto y en este escrito, no digo ni que sí ni que no, ni me pongo a discernirles desde el Evangelio del Victorioso Crucificado. Pero sí digo que no son lo mío, que algo dentro de mí me sigue empujando a buscar otra cosa, otro estilo, otra forma de hacer carne la Palabra y poner la Mesa anticipada del Reino en los caminos de los extrarradios.

Y sé que esa “otra cosa” existe. Lo sé porque hay hermanos y hermanas que, aunque están físicamente lejos de mí o de mis posibilidades actuales, la han encontrado. Y más importante aún: sé que existe porque esta necesidad que siento -y que sientes tú, Alba, y que siente aquél, y aquél, y tantos y tantas- no puede ser una alucinación, un “error doctrinal”, una “falta de comunión”: nada tan vivo y tan intenso y tan discernido y tan profundo puede tener un origen distinto al del Aliento del Señor que siempre -ab-so-lu-ta-men-te siempre- camina por delante de nosotros en este éxodo hacia los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva.

Como te digo, Alba, a mí eso me ayuda. A lo mejor no me garantiza el éxito -Moisés no entro a la Tierra Prometida (ver Deut 31, 2)-, a lo mejor no me evita el que haya días de cansancio y de dudas -también Israel añoraba las cebollas y los puerros de Egipto a pesar de que allí estaba el látigo (ver Núm 11, 4)-, ni tampoco me quita el, a veces, echarle la bronca al Señor por meterme dentro esta sed y no ponerme cerca la fuente. Pero lo que sí que me hace es seguir buscando, seguir caminando y soñando ese grupo donde, con palabras tuyas, haya “apoyo, posibilidad de compartir, escucha, interpelación, interpelación, y más interpelación”. De hecho, en estos momentos de mi vida, podría presentarte a unos que nos reunimos todos los viernes -todos menos yo tienen 18 años-, entendieron y se identificaron plenamente con tu correo cuando se lo leí -sin nombre ni ningún dato personal, por supuesto- el viernes pasado, y ¡sólo somos cuatro! (y con pintas de ser tres de aquí poco).

Buf, releo todo lo escrito arriba y tengo la sensación de que he usado muchísimas palabras para no terminar diciendo nada. En fin, que eso, Alba, que hay que seguir, que hay que seguir dejando que esa ansia de encontrar “un lugar en la Iglesia” nos siga quemando. Y que hay que seguir porque, aun suponiendo que nosotros no lo encontremos, nuestra búsqueda hará que los que vengan detrás estén un poco más cerca. Que así se hace el Reino, paso a paso y codo con codo, sabiendo que -ver Salmo 55 (56), 9- ningún sudor y ninguna lágrima es dejada de recoger por Dios en su odre, sabiendo que nuestra vida errante está anotada paso a paso por él… y termina dejando un poquito más cerca para los siguientes el Sueño Grande y Bueno de Dios, que Jesús llamaba el Reino.

Bueno, pues eso, que tendremos que crear un movimiento llamado “Los que Buscan un Grupo como Dios Manda” jeje Será un movimiento de gente que no se reúne nunca, porque si se reunieran ya no serían de ese movimiento. Pero, eso sí, seremos muchos.

10 consejos para un militante de izquierda

Estos diez consejos -escritos en 2003- son de Frei Betto, un teólogo brasileño del que, dicho sea de paso, me parece un tiempo bien empleado el que se use en buscar su nombre en Google y curiosear sus escritos.

Hay algunas afirmaciones del texto con los que no concuerdo al cien por cien o con la que, sin más, discrepo.

Pero cuánto más vale el acuerdo amplio que la trifulca por los detalles cuando se trata de buscar caminos para que el mundo sea tal como Dios lo soñó (o, si se prefiere, para que sea tal como lo sueñan los que han sido arrebatados de tanto).

Porque a todos nos iría mejor si, en tantas cosas, recordáramos lo de Pablo: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1Tes 5,21).

1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN.

Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada.

Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.

2. LA CABEZA PIENSA DONDE LOS PIES PISAN.

No se puede ser de izquierdas sin “ensuciar” los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha.

3. NO SE AVERGÜENCE DE CREER EN EL SOCIALISMO.

El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana.

El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas.

4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA.

Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no el camello en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema.

La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as).

5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y “MILITONTO”.

“Militonto” es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales.

El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.

6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA.

La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha.

Hay arribistas disfrazados de militantes de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales.

El verdadero militante -como Jesús, Gandhi, Che Guevara…- es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.

7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA.

Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, “volver a las fuentes” para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el “Diario del Che en Bolivia”, y romances como “La Madre”, de Gorki, o “Las uvas de la Ira”, de Steinbeck.

8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS.

Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia.

Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.

9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN.

Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada.

En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria.

La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.

10. HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN.

Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha.

Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente.

Oye, chaval

Oye, chaval

© Arturo Pérez Reverte. Publicado originalmente en “El Semanal” (actualmente XL Semanal) del 10 de octubre de 1999. Posteriormente en Arturo PÉREZ REVERTE, Con ánimo de ofender (Madrid 2001), págs. 197-199.
© de la foto Víctor Díaz

Oye, chaval. Me dice tu hermana que estás cada vez más para allá, y que has perdido el curso, cacho cabrón. Y que encima te estás metiendo de todo. Y digo todo, colega. Alcohol y pastillas, y pastillas y alcohol, y dos paquetes diarios de tabaco a tus diecinueve tacos. Y que has dejado a tu novia, o en realidad es ella la que te ha dejado porque no te aguanta. Y que vuelves a las tantas saltándote semáforos en rojo con una castaña que te cagas, y que las broncas con tu viejo son de órdago, y que pasas de todo. Que pasas de verdad, con ojos de estar allí lejos sin la menor intención de darte de nuevo una vuelta por aquí en el resto de tu puta vida. Suponiendo, dice tu hermana, que te quede mucha puta vida por delante.

Dice que te diga algo, que me lees los domingos y me haces caso. No sé en qué carajo podrías hacerme caso tú a mí; pero si lo dice ella, que es la Bambi de la familia, sus motivos tendrá. En fin. Que te diga algo, escribe la pava, como si yo fuera la virgen de Lourdes. Y no sé qué decirte, la verdad. De finales felices me creo lo justo. Y la última varita mágica que vi la tenía clavada en el coño un hada a la que violaron en Sarajevo. No sé sí me explico.

Pero en fin. Me sentiría raro si hoy no te dedicara esta página. No por ti, que no te conozco, sino por la Bambi. Se quedaría decepcionada y a lo mejor ya no se leía más novelas mías, ni soñaba con ligarse al padre Quart o a Lucas Corso. Así que mira, voy a decirte algo. Voy a decirte que acabo de apuntar que no te conozco, pero es mentira. No es difícil conocerte si uno mira alrededor y se fija en el país en el que vives, y la tele que ves, y los perros que planifican tu vida y tu futuro, y los políticos a los que votan tu padre y tu madre. No es difícil si uno piensa en esa empresa donde estuviste trabajando este verano, y en el trabajo donde explotan a tu ex novia, y en la desesperación de tus amigos. No es difícil y me hago cargo, te lo juro. Esto es una mierda, y la palabra futuro es como para colgársela de los huevos. ¿Ves como en realidad sí te conozco?

Hay, sin embargo, algo que puedo decirte. Estás aquí, en el mundo que te ha tocado. Sería estupendo que hubiera revoluciones por hacer y sueños por alcanzar, cosas que te pusieran caliente y con ganas de echarte a la calle. Pero sabes, o lo intuyes, que todas las revoluciones se hicieron, y una vez hechas se las apropiaron los de siempre. Que los buenos se quedan afuera, bajo la lluvia, y que esta película la ganan siempre los malos. Sé todo eso porque lo he visto, tío. Lo he visto en todas las lenguas y colores. Lo he visto allí y lo veo aquí. Y sé que las grandes aventuras colectivas, la solidaridad, los mecheritos, yupi, yupi, todo eso se fue a tomar por saco hace mucho tiempo.

Pero quedan cosas, te doy mi palabra. Cuando ya no son posibles los héroes solidarios, llega la vez de los héroes solitarios. A lo mejor, ahora que han muerto los dioses y los héroes con mayúscula, la salvación está en el heroísmo con minúscula. En el peón de ajedrez olvidado en un rincón del tablero que mira alrededor y ve al rey corrupto, a la reina hecha una zorra, al caballo de cartón y a la torre inmóvil, haciendo dinero. Pero el peón está allí de pie, en su frágil casilla. Y esa casilla se convierte de pronto en una razón para luchar, en una trinchera para resistir y abrigarse del frío que hace afuera. Esta es mi casilla, aquí estoy, aquí lucho. Aquí muero. Las armas dependen de cada uno: amigos fieles, una mujer a la que amas, un sueño personal, una causa, un libro… Cómo reconforta, colega, mirar a un lado y ver en otra casilla a otro peón tan solo y asqueado como tú, pero que se mantiene erguido y, tal vez, tiene un libro en las manos. Hay aventuras maravillosas, vidas riquísimas, sueños increíbles que empezaron de la forma más tonta, con sólo pasar la primera página de un libro.

Ya sé que no es gran cosa, colega. No soluciona nada, y lo único que te permite es comprender. Pero eso no está nada mal. Me refiero a comprender que nacemos, vivimos y morimos en un mundo absurdo, que a lo más que podemos aspirar es a asumirlo mirándolo de frente, con el orgullo de quien se sabe peleando solo, hasta el final, solidario con aquellos otros peones que, como tú, libran su pequeña y pobre batalla en casillas olvidadas. Y al final descubres que no es tan grave. Los hombres vagan perdidos hace miles de años, y siempre fue la misma historia. Lo único que los diferencia es cómo viven y cómo mueren.