Una pregunta sin respuesta para tanto dolor

Guadalupe AmorAlepo, Mosul, Lesbos… Siria, Irak, Grecia… Y tantos otros lugares de dolor que suenan menos al no estar en las primeras páginas y las noticias de apertura. No sé cómo contarán todo eso en el futuro los libros de historia. Pero cada vez tengo más claro que nuestros nietos se peguntarán cómo fuimos capaces de no hacer prácticamente nada. Se preguntarán no ya el porqué de que los políticos y los poderosos permitieran tales barbaridades, tales sufrimientos, tales injusticias. Se preguntarán por qué tú, yo, y la gran mayoría de cada uno de nosotros y nosotras, seguimos con nuestra vida cotidiana mientras, eso sí, decíamos “qué barbaridad” antes las imágenes de la tele que estábamos viendo mientras nos levábamos a la boca el tenedor con la ensalada o el filete.

No sé. Sé que no son (somos) pocos los que andamos haciendo lo que buenamente está en nuestra mano hacer: que si una firma, que si una manifestación, que si un correr información en las redes sociales… Y sé, gracias a Dios, que por aquí y por allá hay un puñado de hombres y mujeres dándolo todo para rescatar a alguien, para intentar mantener en pie un hospital, para forzar una resolución política… Pero me sigo preguntando qué pasa con la mayoría, con este colectivo que formamos la familia humana de este Primer y Triste Mundo. Me pregunto cómo es que, no sé, no hayamos salido a la calle por millones paralizando todo hasta que se deje de verter sangre o no se nos haya atragantado a todos esa ensalada y hayamos colapsado los servicios médicos, o hayamos mandado a la porra tanta imbecilidad de si mi partido apoya o no apoya un nuevo gobierno y les hayamos dicho a todos esos memos que se dediquen a salvar las vidas de todos los que están muriendo sin tener que morir…

No sé, me hago esa pregunta. Y no tengo respuesta.

La Trata de Seres Humanos: una realidad invisible

Jornada sobre la Trata de Seres Humanos en la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, de Madrid – 22 de octubre de 2016.
(Álbum de fotos en este enlace)

14695574_183841068730032_1615193451066004018_nOrganizada por el Grupo Intereclesial de Trata –Área de Justicia y Solidaridad de CONFER, Fundación Cruz Blanca, Caritas, Justicia y Paz, Vicaría de Pastoral Social e Innovación de la Archidiócesis de Madrid, y la Fundación de Solidaridad Amaranta– con la colaboración del Departamento de Trata de Personas de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

Han intervenido Carmen Luisa González Expósito (Justicia y Paz), Martina Kaplún (Fundación Cruz Blanza), Pilar Casas Navarro (Fundación Amaranta), Tania Garcia, Conchi Jiménez Aragón (Villa Teresita), Alicia Martel Suárez (Oblatas del Santísimo Redentor), Marta González Manchón (Proyecto Esperanza), José Luis Segovia Bernabé (Vic. de Past. Socal e Innovación, diócesis de Madrd), y Jose Luis Pinilla Martin (Director de la Com. de Migraciones de la CEE).

Volar el sistema

De Marx a Marcuse: el poder del consumismo frente a la “revolución del proletariado”.
Muy lúcido artículo de Manuel Hidalgo, publicado en el diario El Mundo el 3.6.16.

AYER ME ACORDÉ de Herbert Marcuse, que ya es acordarse en un día de cielo azul y tanto sol. El pensador alemán, que hizo furor en la España de los años 70, no está ahora muy visible en el escaparate de la discusión política y cultural.

Sería interesante leer El hombre unidimensional. Pablo Iglesias lo conoce, seguro. Marcuse actualizó a Marx y a Freud, haciendo un análisis muy pesimista (aunque no del todo) de las posibilidades de quitarse de encima el sistema capitalista. Para Marcuse, el capitalismo había conseguido alienar al personal (su conciencia, sus valores) mediante las golosinas del mercado, creando (con ayuda de los medios de comunicación y de la publicidad) un gran contingente de necesidades falsas, de deseos, que sólo se pueden satisfacer mediante el consumConsumismoo, máxima garantía de la supervivencia del sistema capitalista.

Pero ya sé por qué, en día tan gratamente primaveral, me he acordado de Marcuse. Ha sido al leer -lo recomiendo, gran literatura- El atasco y demás fábulas, de Luis Goytisolo. Un empresario de ficción (muy real, por tanto) dice ante sus colegas: «La regla de oro nos afecta a todos por igual. Esto es: que todo productor asalariado gane lo suficiente para ser al mismo tiempo consumidor».

Algunos izquierdistas desorientados creen que los capitalistas se siguen rigiendo con los desnortados principios de sus tatarabuelos. Error. El capitalismo hace tiempo que descubrió, con pragmática inteligencia, que era preciso pagar sueldos aceptables («ya negociaremos con los sindicatos») a sus trabajadores para que éstos estuvieran en condiciones de consumir los productos, bienes y servicios que ellos llevaban al mercado. Del móvil a Cancún.

Este consumo, que convierte en necesario lo innecesario, no sólo garantiza la continuidad del capitalismo, sino que elimina o reduce al máximo la rebeldía del trabajador, satisfecho por acceder a un bienestar que, en gran medida, identifica con disponer de cosas que no necesita, pero cree necesitar. Además, los bancos están para ofrecer créditos e hipotecas que permitan acceder a lo en principio inaccesible, de manera que, por decirlo mal y pronto, todo el mundo queda atrapado y sumiso en la rueda y en la lógica del sistema.

¿Huelga? Será para ganar más dinero con el que comprar más cosas, piensan los listos capitalistas. Estamos hablando de las famosas «clases medias», propiciadas por el capitalismo, ya que las clases medias no son -atrapadas por el deseo de lo innecesario- sino masas bizcochables de consumidores.

¿Una huelga de consumo de quince días o más? ¡Dios mío, sería el fin! Cerrarían fábricas, comercios y empresas de servicios. Y, claro, habría millones y millones de desempleados en la calle. El sistema capitalista se vendría abajo, aplastando entre sus ruinas a las clases altas, medias y bajas, y a todo cristo, con perdón. Entonces, mira, podríamos pensar a ver qué hacemos, qué inventamos de nuevo. ¿Y qué inventaríamos, con qué valores? El reto, después de la hecatombe, es estimulante.

No sé, algunos hablan de cambios en esta eterna campaña electoral. ¿Pero de qué cambios hablan? Está por ahí la regeneración de la democracia y tal, que no es poca cosa, pero cambio, lo que se dice cambio, sería, en efecto, volar el sistema, pero, para eso, cada uno tendría que volarse a sí mismo -dicho todo en sentido metafórico-, adoptando otros valores, eliminando tantos deseos… No veo yo que…

Producto sostenible y Consumo responsable: matizando

Producto sostenibleHace poco, a raíz de un diálogo tuitero (bueno, lo de diálogo con 14o  aracteres ya se entiende) acerca de un mensaje sobre una tienda con marcas de “productos sostenibles”, he vuelto a pensar que nos estamos liando con este asunto y cuestiones relacionadas. Así que, con permiso, me explayo.

Hay que agradecer el relieve que, cada vez más, se da a subrayar que determinado producto es “sostenible”, o “ético”, o “ecológico”, o de “comercio justo”, o “responsable”, o cualquier otro calificativo de esa índole (y, por supuesto, cualquiera de las combinaciones posibles entre ellos). Repito: es para felicitarse de que crezca esta conciencia.

Pero donde aparece el riesgo en todo esto, es que usted y yo, useasé, los consumidores (compradores, para entendernos), nos quedemos tranquilos al saber eso del producto en cuestión. Y nos olvidemos -olvido sin mala intención, quede claro- de que a cualquier oferta de mercado de algo EcoResponsableSosteniBleJustoEticoSolidarioBio, hay que añadirle, para que la ecuación esté completa, una actitud que hemos venido en llamar “consumo responsable”.

A ver si con un ejemplo -trufado de cierto humor, espero- sé decirlo mejor:

Si yo cultivo en mi terraza unos tomates nacidos de semillas ecológicas, alimentados de forma natural y sin abonos químicos, usando tutores de madera certificada por alguno de los sellos existentes, con un uso responsable del agua y de los recursos energéticos, comprando lo que necesito para su cultivo a mercados o cooperativas sociales o a productores de comercio justo, y cuidando su embalaje para no generar residuos ni innecesarios ni no reciclables (seguro que se me olvida algo, pero ya nos entendemos), es claro que mis tomates son un producto sostenible, y ecológico, y tal y tal y tal.
Pero con mis tomates ahora pueden pasar dos cosas.
Una es que a usted no le haga falta para nada comprármelos. Por ejemplo, porque ya le abastece de tomates su suegro, que bien que disfruta en su huertecillo del pueblo. Pero me los compra, aunque no los necesita, por aquello de ser un consumidor concienciado, que apoya que otra economía es posible… (ponga usted aquí la razón que sea).
Lo otro que puede pasar es que yo quiera añadir valor a mi producto. Y, otra vez un ejemplo, rocíe los tomates con pequeñísimas partículas de oro (lo hacen algunos chefs, y hay oro de comercio justo), los presente individualmente en un platillo de barro hecho ad hoc por artesanas rurales (se me había olvidado esto de la artesanía y la mujer, que también viene al caso), y me comprometa a donar a una ONG por cada tomate que venda el 5% de su precio. Todo ello con el bonito resultado de que el kilo de tomates le sale a usted a 12 €/k, pero porque ese es su precio en un adecuado equilibrio entre los costes de producción y mis lógicas ganancias éticamente calculadas.

¿Hace falta decir que en cualquiera de las dos situaciones el consumo es no-responsable por muy responsable que sea mi producción tomatera?

Dicho ya más formalmente. En el mecanismo del consumo no conseguiremos un nuevo modelo -personal y social- ético y alternativo si no atendemos a las “dos patas” del mercado: la venta Y (sí, mayúsculas y negrilla) la compra. Un producto puede ser ético al cien por cien en su producción y oferta, pero sólo eso no garantiza que mi compra sea cien por cien ética y responsable. Todo lo que, en sentido amplio, podemos englobar bajo el noble paraguas del “comercio justo” ha de tener su correlato en nuestro/tu/mi “consumo responsable”. Porque, si no es así, resulta que en el fondo se termina haciendo de ese consumo de un producto sostenible, un consumo que se mueve por el mismo criterio del actual sistema consumista: comprar por puro deseo, por noble que pueda ser ese deseo.

En el primer caso dicho arriba, el error es evidente: se compra algo porque sí, sin tener razón para comprarlo ni necesidad de poseerlo. Por supuesto que se puede comprar un producto éticamente producido precisamente para apoyar esa causa, aunque no se tenga necesidad estricta de lo que se compra. Pero no creo que eso deba ser habitual, so pena de favorecer en nosotros precisamente lo que todo comercio justo quiere desarrollar: un modelo económico donde el consumo sea lo ya varias veces dicho, responsable.

El segundo caso, el de esos tomates lujosísimos, me parece más sangrante porque, desgraciadamente, es bastante real (no, en los tomates no, eso era un ejemplo que se me ocurrió en un ratillo de locura creativa). No pienso decir marcas ni vendedores, por supuesto, pero puedo asegurar y aseguro que he tirado de archivo y tengo ante mí un pantalón corto de mujer ecologíquísimo (perdón, RAE) y sostenibilísmo (ídem) a la venta por 380 €; un reloj hecho por una empresa que sólo emplea a gente en necesidad y elaborado en un 92% con materiales de comercio justo -no tengo por qué dudarlo- cuyo precio de venta al (escogido) público es 890 €; o -éste me encanta, a ver si me lo echan los Reyes y mejoro mi look– una crema facial que, por lo que se ve, hidrata, tonifica y estira, y (copio) “está elaborada con productos 100% naturales provenientes de agricultura ecológica, no ha sido testada en animales, cumple los estándares del comercio justo, y promueve el empoderamiento de la cooperativa de mujeres que la elabora en” determinado país sudamericano, todo ello al bonito precio de 264 € el botecito de 75 ml. Podía seguir poniendo ejemplos y ejemplos, pero creo que ya se me entiende. Y repito que no se trata de que estos productos no sean lo que dicen ser. No dudo de lo sostenible (o justo, o lo que corresponda) de ninguno de ellos. Lo que digo es que en un mundo como el nuestro (esto es, en un mundo donde buena parte de la humanidad se está preguntando si tendrá algo que comer mañana mientras usted se está preguntando cuándo se acabará esta pesadez de texto) gastarse 380 € en un objeto destinado a tapar la ropa interior y dejar las piernas al aire, 890 € en algo que me diga qué hora es, o 264 € en hacer que mi cutis este divino de la muerte, hacer eso en este mundo de hoy, digo, es absolutamente irresponsable, por no decir absolutamente amoral.

Va, prometo que lo digo por última vez: que un producto sea justo no significa que consumirlo sea responsable.

Eso sí, no propugno que nos pongamos exquisitos, superpuristas, o -lo que sería peor- enfermizamente escrupulosos a la hora de analizar nuestro consumo (que de todo hay en la viña del señor). De hecho, ya dije al principio de estos párrafos que lo del consumo responsable es, al menos para mí, una “actitud”, algo que se va generando y que va informando el actuar cotidiano, y no un examen constante -y, dicho sea de paso, imposible, aunque de eso tendré que escribir en otra ocasión- de la pureza absoluta de cada momento en que abrimos el monedero. No, no es eso. Pero sí que es el entender lo dicho, que productos responsables requieren consumos responsables, so pena de qué aquéllos o estos dejen de tener el sentido que quieren y deben tener.

Y es que esto de vender y comprar es como hacer el amor: si no van parejos los dos, al final ambos pierden.

Día de los Derechos Humanos… y los Deberes

En este Día Internacional de los Derechos Humanos 2014, no me parece malo recordar algo que puede parecer anecdótico… pero no lo es.

Tanto la Asamblea Nacional Francesa elaborando la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, como la ONU cuando empezó a trabajar en una futura Declaración de los Derechos Humanos, se plantearon si, a la vez, no habría que elaborar una Carta de Deberes.

Ambas concluyeron que no, que era innecesario. Pues tuvieron muy claro que si se halaba de derechos se estaba hablando también y a la vez de deberes. Y es que, como dice con humor José A. Marina,  en una escalera no puede separarse la de bajada y la de subida[1].


[1] He tomado los datos de esta entrada de Luis GONZÁLEZ-CARVAJAL SANTABÁRBARA, En defensa de los humillados y ofendidos (Santander, 2005), pág. 46. La imagen de la escalera es de José Antonio MARINA, Ética para náufragos (Barcelona, 19953), pág. 237. Puede verse una buena síntesis de este tema en Adela CORTINA, “La ética de una sociedad civil, de los derechos a los deberes”: Sal Terrae 81 (1993) 423-535.

Día de las Personas Sin Hogar 2014

  • Con motivo del Día de las Personas Sin Hogar 2014 en varias ciudades se celebraron actos publicos.
  • Aquí va un pequeño álbum fotográfico del acto de Madrid, del 27 de noviembre, entre Callao y Sol: http://goo.gl/Y5N574
  • Puede usarse con la licencia Creative Commons habitual de este blog.
  • Puedes obtener materiales de la campaña en este enlace (al menos mientras dure, claro).

MANIFIESTO

(realizado porpersonas sin hogar)

Yo tenía una casa… Y fui feliz mientras viví en ella.

Mi casa fue siempre mi lugar de referencia, donde encontraba seguridad, compañía y podía ser YO. Allí me sentía persona y formaba parte de la sociedad.

En un momento determinado mi vida cambió, se complicó, empezaron los problemas, todos encadenados.

La pérdida de trabajo fue el primero de ellos; después, la pérdida del hogar y de la familia; llegaron los problemas de salud y, por último, la calle y, con ella, la soledad, la angustiosa soledad. Todo mi mundo se vino abajo y tomé conciencia de lo enorme de mi pérdida. Había perdido mi HOGAR y, con él, Sigue leyendo

Capital y trabajo: ¿cuál es prioritario?

Me permito hacer un apunte muy incompleto sobre el interesante y veterano debate de si en el binomio capital-trabajo es prioritario uno u otro, sin olvidar en esta cuestión el pensamiento social cristiano. Por razones diversas, es una cuestión que suele salir en los ambientes en los que me muevo, y creo que llega la hora de dejar mi opinión por escrito.

Explicación previa

Capital y TrabajoCon todo, subrayo conscientemente lo dicho de “apunte” y lo de “incompleto”, porque hay varios aspectos de ese debate que no voy a tratar aquí y que voy a dar por supuestos en el conocimiento del lector (o en la posibilidad, bastante sencilla, de conseguir ese conocimiento a través de diversas fuentes en internet). Los expongo con brevedad y sabiendo que quizá el lector o lectora quiera saltarse su lectura:

  1. Por una parte, no voy a entrar en qué se entiende por capital y qué por trabajo. En principio son términos no complejos de entender, aunque en los últimos lustros Sigue leyendo

Así gasta su sueldo el español medio

Usando datos del INE, la OCU ha publicado una estadística de cómo gasta su sueldo el español medio[1]:

% del sueldo Usado en…
32 % Vivienda, agua, luz, gas, y gasolina
15 % Alimentación
14 %1 Ocio y cultura
12 % Ahorro
11 % Viajes y transportes
9 % Otros
5 % Ropa y calzado
3 % Telecomunicaciones

Por su parte, también hace pocos días que Adicae ha publicado un informe sobre nuestros usos financieros: “El comportamiento del consumidor financiero, sus nuevos hábitos y costumbres ante la reestructuración del sector bancario“. El resumen puede verse en esta noticia (31.1.13) de la web de Adicae, desde donde -además- puede descargarse el informe en formato PDF.

[1] Ver “Premium vs. Lowcost. Las 2 caras de la crisis”: OCU Compra Maestra 378 (Febrero 2013) págs. 26-27

10 consejos para un militante de izquierda

Estos diez consejos -escritos en 2003- son de Frei Betto, un teólogo brasileño del que, dicho sea de paso, me parece un tiempo bien empleado el que se use en buscar su nombre en Google y curiosear sus escritos.

Hay algunas afirmaciones del texto con los que no concuerdo al cien por cien o con la que, sin más, discrepo.

Pero cuánto más vale el acuerdo amplio que la trifulca por los detalles cuando se trata de buscar caminos para que el mundo sea tal como Dios lo soñó (o, si se prefiere, para que sea tal como lo sueñan los que han sido arrebatados de tanto).

Porque a todos nos iría mejor si, en tantas cosas, recordáramos lo de Pablo: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1Tes 5,21).

1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN.

Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada.

Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.

2. LA CABEZA PIENSA DONDE LOS PIES PISAN.

No se puede ser de izquierdas sin “ensuciar” los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha.

3. NO SE AVERGÜENCE DE CREER EN EL SOCIALISMO.

El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana.

El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas.

4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA.

Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no el camello en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema.

La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as).

5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y “MILITONTO”.

“Militonto” es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales.

El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.

6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA.

La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha.

Hay arribistas disfrazados de militantes de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales.

El verdadero militante -como Jesús, Gandhi, Che Guevara…- es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.

7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA.

Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, “volver a las fuentes” para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el “Diario del Che en Bolivia”, y romances como “La Madre”, de Gorki, o “Las uvas de la Ira”, de Steinbeck.

8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS.

Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia.

Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.

9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN.

Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada.

En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria.

La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.

10. HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN.

Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha.

Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente.

España, elecciones 2004… y no me cuadran los resultados.

No me cuadran los resultados de estás últimas elecciones generales (marzo de 2004) en España. Y lo peor es que hace años que nunca me cuadran esos resultados, los de las elecciones.

Ya me sé lo de la Ley D’Hont y todo eso, y me sé lo de las comunidades históricas, las nacionalidades y demás.

Pero siguen sin cuadrarme. No me cuadran como ciudadano (o a lo mejor como ciudadano ignorante). Y me cuadran menos aún como ciudadano que, con todos los fallos que pueda yo tener, se toma en serio esto de votar, conocer los programas, entender el funcionamiento del sistema político, leer la situación actual de nuestra sociedad y del mundo en general, etc.

Vamos a ver.

En las elecciones generales de 2004 en España, con el 99,97% escrutado, me encuentro con los siguientes resultados para el Congreso (y quito los decimales para no liar, aunque eso desajuste las sumas en un voto arriba o abajo):

  • PODÍAN VOTAR 34.563.545 españoles.
  • HAN VOTADO 26.689.969 (77,21%).
    • Han votado A PARTIDOS 26.013.642 (74,63%).
    • Han votado EN BLANCO 406.759 (1,57%).
    • Han hecho VOTO NULO 269.568 (1,01%).
    • Y NO HAN VOTADO 7.873.576.

¿Vale? Pues vale, juntemos todo esto con los votos a los partidos principales y veamos quién tiene más y quién tiene menos.

  1. PSOE. (42,64%) 10.907.530 votos.
  2. PP. (37,64%) 9.628.201 votos.
  3. IU. (4,96%) 1.269.447 votos.
  4. CiU. (3,24%) 829.046 votos.
  5. ERC. (2,54%) 649.999 votos.
  6. PNV. (1,63%) 417.154 votos.
  7. VOTO EN BLANCO (1,57%) 406.759 votos.
  8. VOTO NULO (1,01%) 269.568 votos.
  9. CC. (0,86%) 220.543 votos.
  10. BNG. (0,80%) 205.613 votos.
  11. PA. (0,71%) 181.165 votos.
  12. CHA. (0,37%) 93.865 votos.
  13. EA. (0,32%) 80.613 votos.
  14. NA-BAI. (0,24) 60.645 votos.

Parece muy claro, ¿no?

La mayoría de este país ha votado al PSOE y luego al PP. En tercer lugar, a distancia, está IU. A más distancia todavía están CiU, ERC y PNV en el cuarto, quinto y sexto puesto. Y la séptima fuerza más votada es… ninguna, es el voto en blanco, es la fuerza del señor que no se queda en su casa, que va a votar, pero que no quiere votar a ninguno de los que se presentan.

Luego vendría el voto nulo. Y luego CC, BNG, etc.

Y todo esto si no sumamos a la lista (yo creo que no hay que sumarle), a quien no va a votar. Porque ese grupo, el de quien se queda en casa sin votar por la razón que sea, es la tercera “fuerza” política de este país.

Pero los problemas no acaban aquí. Los problemas se agudizan cuando se ve la lista de escaños.

  • Parecería lógico que IU fuera el partido que tuviera el tercer número de escaños, ¿verdad? Y que, dado que IU tiene -más o menos- una décima parte de los votos que tiene el PSOE, sus escaños fueran –también más o menos- una décima parte.
  • Es normal que el PA tenga más escaños que la CHUNTA, EA o NA-BAI, ¿a que sí?
  • Y es evidente, por ejemplo, que CiU tenga casi el doble de diputados que el PNV (al que casi dobla en votos), ¿no?

Pues no. Los ejemplos podían multiplicarse, pero siempre serían chocantes. Por D’Hont, por la diferencia entre autonomías o nacionalidades, por el respeto (se dice) a las minorías, o por no se qué que nadie me logra explicar convincentemente, cuando llega el reparto de escaños ya no entiendo nada. No entiendo que IU se vaya a la quinta plaza. No entiendo que el PA se quede sin escaño y lo consigan partidos que han tenido menos votos que él. No entiendo que si a tres partidos (PNV, ERC, y CiU) les ha apoyado el 7,41 de los votantes y gracias a eso consiguen el 7,14 de los escaños del Congreso, a IU le apoyen el 4,96 de los votantes y sólo consiga el 1,42 de los escaños del Congreso. Y así todo lo que se quiera. Miren, miren:

  1. PSOE. 164 escaños.
  2. PP. 148 escaños.
  3. CiU. 10 escaños.
  4. ERC. 8 escaños.
  5. PNV. 7 escaños.
  6. IU. 5 escaños.
  7. CC. 3 escaños.
  8. BNG. 2 escaños.
  9. CHA. 1 escaño.
  10. EA. 1 escaño.
  11. NA-BAI. 1 escaño.
  12. PA. 0 escaños.
  13. VOTO EN BLANCO y NULO. 0 escaños.

Pues eso. Que siguen sin cuadrarme los resultados de las elecciones.