No entiendo a los crackers

Y digo que no entiendo a los crakers por aquello de mantener la distinción, que sé cierta, entre crackers y hackers. Aunque quizá de lo que quiera hablar hoy sea de un lamer estúpido, pero puñetero.

En todo caso, no entiendo a cualquier canalla -informático en este caso, pero aplicable tristemente a la vida en general y en cualquier ámbito y estrato social- que se divierte mucho haciendo daño porque sí, y, encima, haciendo daño a gente que no tenemos ningún poder, ninguna fuerza, nigún control sobre nada.

Un grupillo de gente, que solemos movernos en ámbitos sociales y políticos, mantenemos desde hace un año una página web, la de Paz y Justicia. Nos cuesta el dinero del alojamiento y tal, pero bueno, no nos importa si a alguien le sirve. Si se mira esa página, se ve que no tiene nada de malo: la página inicial es una recopilación de las distintas propuestas ciberactivistas que sacan a la red organizaciones defensoras de los derechos humanos; y el resto de las páginas son enlaces -clasificados por temas- a muchos contenidos solidarios de la red. Y, además de eso, hay (bueno, en estos momentos hay que decir “había”) un foro. Un foro donde quien quería opinaba, colgaba información, aportaba documentos…

Pues un imbécil se ha cargado el foro. Me niego a llamarle “pirata informático”, porque los piratas, al menos, se jugaban el pellejo. Y estos memos lo único que se juegan es estar tan tranquilitos delante de su ordenador, comprarse una revista sobre hackers, y dedicar su tiempo (¿no tienen otra cosa que hacer, un amigo a quien llamar, un libro que leer, un paisaje que disfrutar, un paseo que gozar, una lágrima de otro que secar…?) a jorobar a otros.

Y eso nos pasó: el cracker, hace una semana más o menos, no sólo ha cambiado la portada del foro, sino que se ha dedicado a borrar todo lo que había escrito. Para rematar, a saber qué ha hecho y manipulado, pero el caso es que es imposible subir al foro la copia de seguridad que hacíamos periódicamente.

Y todo eso, ¿para qué? ¿Qué ha ganado este tipejo? ¿De verdad que le ha dado algo el haber puñeteado a otros? ¿En serio que hay gente que puede encontrar gozo en hacer daño así, porque sí?

Bueno, ya sé que la respuesta a esas preguntas es que sí, que claro que hay gente así, y que, como decía, la hay tanto en las altas esferas del poder como en el camino cotidiano del día a día.

Pero no sé, quisiera seguir creyendo que no es así, que hay alguna razón, que a lo mejor es que viven una realidad social muy dura, o que no saben lo que es tener amigos y amigas, o que les zurraron de pequeños, o que tienen la autoestima a nivel 0, o que les patinan las neuronas y les vendría bien un siquiatra…

Yo qué sé. Cualquier cosa… menos creer que alguien se siente feliz haciendo daño a otros.

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(actualizado el 10.12.14)

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Pero es que yo no quiero eso. No creo ser el amo y el dueño y el señor de lo que aporto Porque, en realidad, lo que aporto yo (y tú, y todos) al camino de la vida es deudor de muchos otros y otras: de mil encuentros, de mil lectras, de mil sonrisas, de mil lágrimas… de todos y cada uno los que han ido moldeando y moldean cada día lo que soy y vivo, lo que, a veces, expreso malamente en este blog.

Por eso prefiero una forma de compartir que me parece más justa, más adecuada a lo que es la realidad de la vida.

Digo yo.