Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

Carta-Convocatoria de la
JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN
POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN
– Madrid, sábado 3 de septiembre de 2016 –

CONVOCAN:

  • Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal
  • Arzobispado de Madrid (Iglesia Católica Romana)
JMOCC 2016 Cartel

(pulsa para ampliar)

Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” (Papa Francisco LS 217).

Un grito de alarma por el desastre climático que afecta cotidianamente a los hombres y la naturaleza; la propuesta de la vía del ascetismo y la sobriedad en el uso de los bienes terrenos y de la energía; la proclamación del Evangelio para sanar el corazón humano que ha hecho el mundo un depósito de basura” (Mensaje del Patriarca Ecuménico ortodoxo Bartolomé I para JMOCC 2015).

Hermanas y hermanos en Cristo:

Con el telón de fondo de su Encíclica Laudato Si, el Papa Francisco -compartiendo con el Patriarca Ecuménico Bartolomé la preocupación por el futuro de la creación– decidió el año pasado instituir también en la Iglesia Católica la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación», uniéndose a la fecha fijada por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla desde 1989.

Según el papa Francisco, esta jornada ofrecerá “a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos” y contribuirá “como Iglesia a superar la mayor Crisis ecológica que vive la humanidad y hacerlo desde una profunda Conversión
espiritual y ecológica”, posibilitando “un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes” (Carta de institucionalización del papa Francisco de la
JMOCC. 6 de agosto de 2015). Sigue leyendo

Volar el sistema

De Marx a Marcuse: el poder del consumismo frente a la “revolución del proletariado”.
Muy lúcido artículo de Manuel Hidalgo, publicado en el diario El Mundo el 3.6.16.

AYER ME ACORDÉ de Herbert Marcuse, que ya es acordarse en un día de cielo azul y tanto sol. El pensador alemán, que hizo furor en la España de los años 70, no está ahora muy visible en el escaparate de la discusión política y cultural.

Sería interesante leer El hombre unidimensional. Pablo Iglesias lo conoce, seguro. Marcuse actualizó a Marx y a Freud, haciendo un análisis muy pesimista (aunque no del todo) de las posibilidades de quitarse de encima el sistema capitalista. Para Marcuse, el capitalismo había conseguido alienar al personal (su conciencia, sus valores) mediante las golosinas del mercado, creando (con ayuda de los medios de comunicación y de la publicidad) un gran contingente de necesidades falsas, de deseos, que sólo se pueden satisfacer mediante el consumConsumismoo, máxima garantía de la supervivencia del sistema capitalista.

Pero ya sé por qué, en día tan gratamente primaveral, me he acordado de Marcuse. Ha sido al leer -lo recomiendo, gran literatura- El atasco y demás fábulas, de Luis Goytisolo. Un empresario de ficción (muy real, por tanto) dice ante sus colegas: «La regla de oro nos afecta a todos por igual. Esto es: que todo productor asalariado gane lo suficiente para ser al mismo tiempo consumidor».

Algunos izquierdistas desorientados creen que los capitalistas se siguen rigiendo con los desnortados principios de sus tatarabuelos. Error. El capitalismo hace tiempo que descubrió, con pragmática inteligencia, que era preciso pagar sueldos aceptables («ya negociaremos con los sindicatos») a sus trabajadores para que éstos estuvieran en condiciones de consumir los productos, bienes y servicios que ellos llevaban al mercado. Del móvil a Cancún.

Este consumo, que convierte en necesario lo innecesario, no sólo garantiza la continuidad del capitalismo, sino que elimina o reduce al máximo la rebeldía del trabajador, satisfecho por acceder a un bienestar que, en gran medida, identifica con disponer de cosas que no necesita, pero cree necesitar. Además, los bancos están para ofrecer créditos e hipotecas que permitan acceder a lo en principio inaccesible, de manera que, por decirlo mal y pronto, todo el mundo queda atrapado y sumiso en la rueda y en la lógica del sistema.

¿Huelga? Será para ganar más dinero con el que comprar más cosas, piensan los listos capitalistas. Estamos hablando de las famosas «clases medias», propiciadas por el capitalismo, ya que las clases medias no son -atrapadas por el deseo de lo innecesario- sino masas bizcochables de consumidores.

¿Una huelga de consumo de quince días o más? ¡Dios mío, sería el fin! Cerrarían fábricas, comercios y empresas de servicios. Y, claro, habría millones y millones de desempleados en la calle. El sistema capitalista se vendría abajo, aplastando entre sus ruinas a las clases altas, medias y bajas, y a todo cristo, con perdón. Entonces, mira, podríamos pensar a ver qué hacemos, qué inventamos de nuevo. ¿Y qué inventaríamos, con qué valores? El reto, después de la hecatombe, es estimulante.

No sé, algunos hablan de cambios en esta eterna campaña electoral. ¿Pero de qué cambios hablan? Está por ahí la regeneración de la democracia y tal, que no es poca cosa, pero cambio, lo que se dice cambio, sería, en efecto, volar el sistema, pero, para eso, cada uno tendría que volarse a sí mismo -dicho todo en sentido metafórico-, adoptando otros valores, eliminando tantos deseos… No veo yo que…

Ésta es la noche de Pascua

¿Nos hemos fijado alguna vez en las muchas veces que, en la liturgia de la Vigilia Pascual, se hace referencia al aquí y al ahora?:

  • En esta noche santa… (monición inicial).
  • Cristo ayer y hoy… suyo es el tiempo… (bendición del cirio)
  • éstas son las fiestas de Pascua… Ésta es la noche… [se dice hasta seis veces] … esta noche santa… En esta noche de gracia… (pregón)
  • También ahora, Señor, vemos brillar… (oración de la tercera lectura).
  • ¡Oh, Dios!, que iluminas esta noche santa… (oración colecta).
  • Mira ahora a tu Iglesia en oración… (bendición del agua).

Y eso atendiendo sólo a expresiones literales, porque si se amplía el campo, la celebración está llena de referencias al ahora. Ahora, aquí. Esta noche. Ésta, no otra, esta noche. Ésta es la noche de la Pascua. Esta.

22-VigiliapascualAY esta noche será como sea. No sé si esta noche será para ti una noche en que estés bien o no lo estés, una noche en que la vida te esté yendo rodada o en que todo sea cuesta arriba, una noche en que tu vida vaya según la has planeado o soñado… o no. Pero ésta es la noche, éstas son las fiestas de Pascua. Esta noche.

Esta noche, esta noche de hoy, es LA noche. Esta noche que miles de refugiados viven en el olvido más inmisericorde de la poderosa Europa. Esta noche donde tantos y tantas buscan en la calle un lugar donde medio dormir. Esta noche donde el hambre es lo único que llena el estómago de buena parte de la humanidad, incluyendo a no pocas familias del Primer Mundo. Esta noche en la que hay varones dispuestos a degradar a mujeres pagándoles para que les den el sexo que siempre debería ser fruto del cariño. Esta noche que es continua en las minas de África que alimentan con sangre neustro Primer Mundo. Esta noche que ciega los ojos nublados por el alcohol de ese adolescente que piensa que ésa es la fiesta. Esta noche que sigue siendo noche de guerra en lugares que conocemos y lugares que hemos olvidado.  Esta noche, esta noche de tantas y tantas oscuridades en el mundo lejano y el cercano, esta noche, es la noche. Sigue leyendo

Viernes Santo de los crucificados

No es fácil hablar de la muerte de Jesús, más si se es consciente de que, más que una muerte, fue una ejecución: Jesús no se murió, a Jesús le mataron.

Con todo, sigo reyendo que hay un escrito imprescindible para asomarse al abismod e esa muerte, un escrito que centra perfectamente el, quizá olvidado por nosotros, auténtico sentido de eso que decimos de que Jesús ha “muerto y resucitado por nosotros”.

Me refiero, claro, a un texto de Jon Sobrino que tiene ya muchos años, pero que sigue siendo ineludible para todo el que quiera entender qué significa afirmar la Muerte y la Vida del Señor. El artículo se titula “El Resucitado es el Crucificado”, y se recogio en este bloh hace ya unos años: pincha aquí para ir a él.

El amor del Jueves Santo

La esencia de la comprensión del Jueves Santo –y, en general, de toda la Buena Noticia del Reino– no está tanto en proclamar “el amor”, como en entender “qué amor” se está mostrando y se está ejerciendo en favor de tantos y en frente de tantos otros.

Como tantas veces, hay que volver a la Palabra para entender de qué estamos hablando cuando hablamos del amor en la Buena Noticia de Jesús. Y la Palabra del Jueves Santo es estremecedoramente coincidente en algo que, por la razón que sea, no pocas veces se pasa por alto.

“Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor” (1ª lectura).

“Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y…” (2ª lectura).

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre…” (evangelio).

Jueves SantoFuera como fuera aquella última cena de Jesús con sus discípulos (y, dicho sea de paso, más que probablemente también con sus discípulas), lo que es seguro es que, históricamente, Jesús la plantea en una realidad de fracaso total. No es, y permítaseme cierta ironía,  una cena triunfante, donde entre canticos e inciensos, Jesús hace un bello signo al lavar los pues a los demás mientras todos entonan emocionados el Ubi Caritas. No. Aquella cena se realiza cuando, hasta donde llega la vista humana, todo ha fracasado. Jesús es consciente, con una tremenda lucidez, de que todo estaba acabado, de que su horizonte inmediato era el “ser entregado” y “pasar de este mundo al Padre”. La muerte, y muerte de cruz, no era ya sólo una posibilidad, era una realidad que aparecía inmediata y patente. Y Jesús tiene que enfrentarse no ya sólo al brutal hecho físico de la tortura y la ejecución, sino al no menos brutal hecho de la victoria (¿aparente?) del mal, del poder, del daño… Los suyos le van a traicionar y abandonar, además de que prácticamente no han entendido casi nada de lo que ha intentado vivir con ellos durante esos años de itinerancia. Los dirigentes religiosos del pueblo se han encastillado en su falsa e idolátrica religiosidad, y buscan directamente su muerte. El pueblo sigue igual de voluble, y sigue buscándole más como el que da pan o puede ser el Mesías triunfante que llega a Jerusalén que como el que está “en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27). Y, en fin, pareciera que todo su grito y su hacer de que el reinar de Dios es posible porque ese Dios se ha empeñado en nuestra historia con el amor de un Abba, de modo que los más pequeños son sentados a la cabecera de la mesa de la felicidad (ver las bienaventuranzas: Mt 5, 1-12 y Lc 6, 20-23) porque ese amor entrañable de Dios se pone de su lado y se enfrenta a los poderosos y a los ricos (ver el canto de María: Lc 1, 51-53), parece que ha caído en el vacío. No es extraño que, poco después de esta cena, Jesús grite a Dios que por qué le ha abandonado (ver Mt 27, 46).

Y en ese fracaso, en ese ver todo hundido, en ese entender que ya se acabó el itinerar y el predicar y el hacer las obras del Reino, en ese ver levantarse toda la fuerza del mal, el daño y la muerte (“esta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas”, Lc 22, 53), justo en ese momento… una Cena. Lo que llamamos la Última Cena, con la inmensa profundidad del lavatorio de los pies y el gesto y las palabras del pan partido y la copa compartida, Jesús podía haberla hecho en cualquier otro momento. Podía haberla hecho en el monte de las bienaventuranzas, o tras resucitar a Lázaro, o cuando sus discípulos volvieron de la misión, o cuando fuera. Pero no. Jesús desea ardientemente esa Cena con los suyos (ver LC 22, 15) justo ahí, justo en el fracaso, justo cuando ya no cabe decir ni hacer nada, justo cuando hasta el mismísimo Dios parece haber sido vencido por todos los antidios de este mundo (que, por ser antidios, son antihombre), justo en ese momento Jesús sienta a los suyos a una Cena. Sigue leyendo

Recuperando el Domingo de Ramos

He dicho más de una vez que el Domingo de Ramos no es una de mis celebraciones preferidas. Pero, en realidad, lo que no termina de convencerme es cómo lo hemos desvirtuado.

Litúrgicamente, cierta responsabilidad de ese desvirtuar, que ahora explicaré, se debe a que proclamemos la Pasión. Es cierto que tal cosa proviene de la espléndida intención del Vaticano II de que la Palabra volviera a ser escuchada y asumida por el pueblo. Y, dado que el Viernes Santo siempre se lee la Pasión de Juan, el domingo de Ramos parecía buen momento para proclamar las pasiones según los sinópticos.

El problema es que, tal y como desarrollamos la celebración, parece que todo se centra en la Pasión, y queda postergado el evangelio y mensaje central de este día: la entrada en Jerusalén.

Pero el caso es que es ahí, en esa entrada, donde encuentra sentido el domingo de Ramos en cuanto pórtico de la Pascua.

Y es que la llegada de Jesús a Jerusalén no es casual. Jesús sube a la ciudad, a la capital, conscientemente y sabiendo lo que se juega. Y, de hecho, sus discípulos le advierten que en Jerusalén le buscan para matarle.. Pero tal es la decisión de Jesús que lo único que les queda es seguirle a la desesperada: “subamos y muramos con el” (Jn 11, 16).

Dicho de otro modo: Jesús podía haber evitado ir a Jerusalén. Podía haber seguido su itinerancia por Galilea, por Judea, por Samaría… Y muy probablemente no habría tenido especiales problemas. El poder se concentraba en la capital, pero en el pequeño mundo rural era difícil que ese poder llegara a concretarse en un apresamiento y un final violento (recuérdese que, incluso en Jerusalén, a Jesús tienen que salir a prenderle de noche y a escondidas, para evitar la rebelión de las multitudes). Sigue leyendo

Los Reyes Magos tras la Estrella

A mí siempre me ha intrigado pensar lo que le dirían sus paisanos a los Magos cuando dijeron que se iban a seguir una Estrella.

Reyes Magos“¿Pero a quién se le ocurre, estáis locos o qué?… Pero si ya tenéis la vida hecha, y tenéis una seguridad… Pero si no hace falta irse a ningún lado para buscar sueños, podéis buscarlos aquí… ¿Y si os equivocáis, y si todo es un engaño, y si esa Estrella no lleva a ninguna parte?… ¿No será mejor tener los pies en la tierra?… Aquí tenéis amigos, tenéis gente que os quiere y que queréis, tenéis una seguridad económica, ¿y vais a dejar todo eso por una aventura que no sabéis a dónde lleva?… ¿Y de qué vais a vivir, porque ya se sabe que “primum vivere, deinde filosofare“, useasé, primero vivir y luego filosofar…?”.

Y ellos no sabían contestar a esa pregunta. Sólo sabían que la Estrella estaba ahí. Y que la locura de seguirla era lo que tenían que hacer si de verdad querían seguir mirándose al espejo (cobre bruñido) cada mañana y poder decirse: “Mereces la pena”.

Atentados en París y el macabeo Matatías

No hace ni una semana que la barbarie y la sinrazón terrorista golpearon nuevamente en París. Y, por otro lado, aparentemente inconexo, la eucaristía de hoy narra en la primera lectura un episodio del segundo libro de los Macabeos (2, 15-29), que, de algún modo, refleja el hecho histórico de la revuelta macabea . Y, lo siento, pero a mi hay cosas que me chirrían, y mucho.

Soy de los que piensan que la liturgia católica necesita, y necesita ya, una reforma. Una reforma que no sea un mero lavado de cara, sino que atienda a lo profundo, y que con densidad y seriedad renueve gestos, simbologías, palabras y textos. Y también, el uso que hacemos en la liturgia del Antiguo Testamento. Y de esto último tendría un día que escribir despacio. Pero hoy no puede ser, así que me limito a este caso de Matatías que proclamamos hoy en la eucaristía.

Matatías macabeos

Según el texto, cuando los funcionarios del rey invasor llegan al pueblo de Matatías para hacer que sus habitantes apostaten sacrificando al rey y comiendo carne de cerdo, Matatías se niega muy dignamente. Y, en ese momento, otro judío flaquea y se adelanta para apostatar.  Matatías “se indignó, tembló de cólera y en un arrebato de ira santa corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces mismo mató al funcionario real, que obligaba a sacrificar“. Todo ello, por supuesto, lleno de “celo por la ley“, y para mantener la alianza santa con Yahvhé, y para vivir “en derecho y en justicia“.

Cuando, en liturgia, el lector acabó la lectura, proclamó, como se hace siempre, “Palabra de Dios”. Y, por lo que sabemos, los asesinos de París asesinaron al grito de “Al-lahu-àkbar”, “Alá es el más grande”. La diferencia es que, en el primer caso, yo he contestado “Te alabamos, Señor”. Y en el caso de los atentados pensé que “vaya bestialidad”.

Pues ahí es donde digo que algo chirría. Sigue leyendo

Martin, feliz primer cumpleaños

En el primer cumpleaños de Martín, el miembro más joven de nuestra pequeña comunidad de base.

365 días creciendo con cada asombro y asombrándonos para hacernos crecer con tu mirada de ojos muy abiertos.

Cumpleaños Martín365 días enlazando el corazón con los lazos de la sangre y de la Sangre, descubriendo palabras, atendiendo abrazos, regalando manos, recreando la familia de cuatro y la familia sin fin.

365 días esperados y queridos uno a uno, en las horas de desvelo y las horas de sonrisa, en las fuerzas que no llegan y en las que no se sabe de donde salen pero salen, en lo sueños de tu futuro y en los recuerdos de cada segundo que se va.

365 días que borraron las sombras de aquellos meses anteriores, renaciendo en cada primera vez del primer corte de pelo, el primer paso, la primera palabra tuya y la primera de todos, la primera papilla, el primer mar, el primer susto, la primera mirada a tus hermanos, el primer algo de cada primer día con el que aprendes que cada día es siempre el primero hasta que llegue ese Primero que será eterno.

365 días, en fin, que suman 1 año que de aquí nada será un año y un día, y otro, y otro, y todos los que sean y no acabarán porque nunca acabarán los juegos y las aventuras en Nunca Jamás mientras Peter se niegue a crecer, Wendi cuente los cuentos de las mamás, y todo niño perdido sea acogido en los brazos -y los Brazos- crucificados del amor que nada ni nadie puede matar.

365 días. Tus 365 días, Martín. Un año. Tu año. El año que nos has regalado para que sea nuestro. Feliz cumpleaños, Martín.